La economía española se ralentiza y crece un 1,8% en el segundo trimestre de 2023

El ritmo de crecimiento de la economía española se moderó en el segundo trimestre del año. El avance del PIB se situó en el 1,8% frente al 4,2% registrado en el primer trimestre, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística.


En términos trimestrales, la economía española experimentó un crecimiento del 0,4% durante este segundo trimestre del año, una décima porcentual inferior al del primero (0,5%). 

 

Al contrario de lo ocurrido en los tres primeros meses del año, cuando la demanda externa fue el principal pilar de la actividad productiva, en este segundo trimestre ha sido la demanda nacional la que ha recuperado protagonismo, aportando 1,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB (1 décima más que el trimestre anterior). En este sentido, cabe destacar la ralentización del consumo de los hogares (crecimiento de 0,5% respecto al mismo trimestre de 2022), compensada por el mayor crecimiento del consumo público, del 3,8% interanual (1,5% en el primer trimestre) y de la formación bruta de capital fijo (avance del 2,0% interanual frente al 0,6% del primer trimestre), impulsada esta última por el componente de vivienda y construcciones.

 

La contribución interanual de la demanda externa ha sido de 0,3 puntos porcentuales, 2,5 puntos inferior a la registrada en el primer trimestre. La causa de esta menor aportación se encuentra en un crecimiento de las exportaciones más débil de lo esperado durante este segundo trimestre (0,7% respecto al mismo periodo del año 2022, mientras que en el trimestre previo crecieron el 10,2% interanual).

 

El número de ocupados, medidos en términos de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, creció un 2,9% interanual durante el segundo trimestre de 2023, 6 décimas porcentuales más que en el primer trimestre (2,3%). Esta evolución supuso la creación de 596.000 empleos en un año.

 

Sin embargo, como resultado de la evolución descrita, y tras varios trimestres en positivo, la productividad por empleado vuelve a reducirse. En este caso, el retroceso ha sido del -1,1%.

 

Perspectivas 2023 y recomendaciones de la Cámara de España

 

La economía española sigue manteniendo el pulso en un entorno inestable que no ha cambiado excesivamente en el ámbito internacional respecto al registrado hace 3 meses, pero que en la esfera nacional sí presenta un nuevo frente relacionado con la incertidumbre política resultante de las elecciones generales del 23-J.

 

Aunque la tasa de inflación ha marcado una senda claramente descendente en los últimos meses beneficiada por la moderación de los precios de la energía y de las materias primas, así como por el efecto base, la tasa subyacente, que elimina los componentes más volátiles de la cesta da la compra (energía y alimentos no elaborados), se situó en julio por encima del 6%, lo que refleja que las tensiones en los precios persisten. Si a esto se le añade la prolongada subida de tipos llevada a cabo por los principales bancos centrales, es previsible que el consumo de los hogares se mantenga, en cierta medida, estancado durante los próximos meses.

 

El entorno descrito tampoco beneficia a la inversión productiva en bienes de equipo, única magnitud de la demanda que ha registrado una tasa de crecimiento interanual negativa durante el segundo trimestre del año.

 

En consecuencia, es previsible que el PIB mantenga la senda de desaceleración apuntada este trimestre durante la segunda parte del año. La Cámara de Comercio de España prevé un crecimiento para el conjunto de 2023 que podría situarse en el entorno del 2%.

 

En este contexto, sería necesario disipar cuanto antes la incertidumbre política surgida de las elecciones del 23-J, con la constitución de un gobierno que afronte las reformas estructurales que requiere la economía, llevando a cabo una política económica que sitúe a la empresa como pieza clave de nuestro sistema de economía social de mercado.

 

Para ello, la Cámara de Comercio de España se reafirma en la necesidad imperiosa de que los partidos políticos alcancen los Pactos de Estado pendientes en ámbitos clave para nuestro futuro a largo plazo, como la formación y el empleo, la unidad de mercado, la reforma de la Administración y la energía, entre otros; acuerdos que deberían materializarse en actuaciones concretas, ambiciosas y evaluables. Todo ello, además de sentar las bases de una estrategia país de largo plazo, que refuerce la relevancia y estabilidad de la economía española.

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